Dios que estás en los cielos, Padre amado, Padre bendito, santificado y alabado sea tu nombre, seas coronado de gloria y la alabanza esté continuamente en tu presencia; venga tu Reino perfecto, y gobierna sobre nuestras vidas con justicia y amor. Hágase tu voluntad sobre toda la tierra, porque tus caminos son santos, tus obras son grandes y nada hay fuera de ti; hágase tu voluntad como en los cielos, donde Arcángeles, Querubines, Serafines y todas las fuerzas celestes están sirviéndote, donde tu gloria es excelsa. Danos hoy el pan nuestro de cada día, alimenta nuestro ser con tus palabras sustentables, Señor, y llena nuestras vidas con tu poder. Perdona nuestras deudas, y en el nombre de Jesús, abolimos todo vestigio de pecado e iniquidad de nuestra carne, para acercarnos más a tu verdad, Amado Señor. Así también nosotros perdonamos a nuestros deudores, oh, Jesús, enséñanos a comprender que sobre ellos también ha caído tu gracia y perdón, que nosotros estamos en una misma condición pecadora, y que tu voluntad es que amemos aún a nuestros enemigos. Padre, No nos dejes caer en tentación, porque soy débil, más en ti encuentro fortaleza; libranos del mal, porque ¿quién como tú, Señor, que libras de la manos de los fuertes al débil?, ¿quién como tú, amado Dios, que llenas de misericordia la tierra y renuevas tu amor sobre toda tu creación?, por tu fortaleza, tu grandeza, tu magnificencia y poder; por tu majestad, tu amor perpetuo, por tu santa morada y por tus justos juicios es que toda la tierra te exalta, todos los cielos se someten, porque para ti es la gloria y la honra, no hay otro que pueda igualarte, Dios; tuyo es el Reino, y tuya toda potestad sobre nuestras vidas. Eterno Dios, a ti la victoria. Amén.